Durante mucho tiempo pensé que la única forma de cuidar mi cuerpo era soportar más impacto, más esfuerzo y más dolor. Hasta que entendí que el problema no era moverme. Era el precio que estaba pagando por moverlo.
Este no es un test que encontré por ahí. Es la herramienta que yo misma necesitaba cuando dejé de reconocer mi propio cuerpo. He dedicado años a construirla porque creo que ninguna mujer debería preguntarse únicamente cuánto ejercicio hace. Lo importante es descubrir qué capacidades conserva hoy, y cuáles puede recuperar.